Reflexiones azarosas de los viajes

Elevando tu estilo de vida
No hay nada mejor para escapar de nuestra rutina diaria, para permitirnos tomarnos un tiempo de relajación, para impulsarnos a probar nuevas aventuras, y para servirnos como alcahuete para divertirnos como en los viejos tiempos , como los viajes. Ni siquiera el más lúcido de los maestros les puede disputar su capacidad para encender nuestros impulsos para crecer intensa e impredeciblemente. Desde las playas de Baja California, a los barrios de Barcelona, te puedo asegurar que incluso la más elemental de las experiencias que recolectes puede terminar cambiando tu estilo de vida.
En España, la iluminación me asaltó desde la sencillez de los placeres; las siestas sin culpa y las caminatas a la orilla del mar algunas veces hicieron la diferencia para aligerar todas las cargas acumuladas en mi interior. En Roma y en Sevilla, caí en cuenta de que cocinar, más allá de ser una obligación ordinaria, es un desafío fascinante. Y si quedaba alguna duda, Barcelona se encargó de aniquilarla: ahora sé que existen ciudades fuera de mi país que me pueden sentar aún mejor que mis ciudades favoritas de los Estados Unidos como Nueva York, Los Ángeles, etcétera.
Desde esas lecciones de vida, hasta el cambio de perspectivas, desde esas personas que nunca olvidaré, hasta las desconocidas libertades que los viajes me han revelado, la vida afuera de mi país, me ha cambiado para siempre. Las experiencias afuera de nuestra zona de comodidad sirven como tierra fértil para cultivar nuevas pasiones. Quien viaja lo suficiente, encontrará ciudades en las cuales verá reflejada su personalidad, conocerá personas con las que se sentirá conectado, y encontrará culturas que valoran y abrazan aspectos cercanos a sus afectos. Frecuentemente te encontrarás con que aprecias cosas que nunca te habrías imaginado, y nunca te habrías enterado de que te interesaban si no tomabas el riesgo de aventurarte afuera de lo familiar.
Mejorando una sociedad global
Además, viajar fortalece los lazos de la comunidad internacional. En Frankfurt, tras una serie de desafortunadas circunstancias que me dejaron sin hospedaje, una pareja joven de alemanes, que conocí ese mismo día, me invitaron a quedarme con ellos por el tiempo que necesitara. Cuando durante unos días tuve problemas para retirar efectivo en los cajeros de Buenos Aires, mis más recientes amigos no dudaron un instante en apoyarme y prestarme un poco de plata. En más de una ocasión me he encontrado en una ciudad en el extranjero, sin conocer siquiera a un alma y sin ser capaz de hablar su idioma, y a pesar de ello, nuevamente, la gente sin titubear, infaliblemente me ayudo a salir de algunas situaciones desafiantes e incluso temerosas.
Definitivamente, cuando se viaja se descubre el rostro humano de las zonas desconocidas. Sobre todo durante estos días, en que países como Argentina y Alemania ni siquiera se les hecha un vistazo en las noticias y en las sobremesas, mi mente es invadida por pensamientos que me remiten a mis amigos, a esos extraños con un gran corazón que acudieron a mi auxilio cuando no tenían por qué hacerlo y a todos esos recuerdos que compartimos.
Hoy, vivimos días en los que la interconexión de la humanidad esparcida por todo el mundo ha alcanzado una velocidad y una amplitud sin precedentes, y todo señala que las tendencias se mantendrán en esa misma dirección. Con extrema facilidad, la comunicación y el transporte avanzan derrumbando las barreras geográficas. Las políticas domésticas, cada vez afectan más a la población internacional. Día tras día, las economías, el intercambio y la globalización se vuelven más interdependientes. Y los sucesos ocurridos en una locación, pueden repercutir como una gran ola que se cierne sobre todos los rincones del mundo.
Para bien o para mal, vivimos en una comunidad global que va incrementando. No importa desde dónde lo mires, lo cierto es que todos estamos en el mismo barco. Por eso, puede que no sea tan malo ver el rostro humano de las regiones que están a nuestro alrededor. En tanto más lo hagamos, podremos actuar con un poco más de consideración, y podremos acelerar siquiera un poco la velocidad que nos lleve a un destino en donde nos solidarizaremos mutuamente. Esto no salvará al mundo, pero al menos será mejor para nuestros propósitos más elevados.

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